Aquella noche, mientras muchos compartiamos con amigos al son de un buen trago, otros bailaban, otros hacian el amor, muchos dormian, otros escribian...en fin, la vida rodaba como siempre. Me encontraba en el piso 17, el último piso de aquel edificio.
Llegó la hora, aquellas horas que muchos no esperan y sorpresivamente nos cambian la vida. Eran las 03.35 AM., cuando el movimiento telurico comenzó, primero despacio, hasta aumentar y llevarnos al miedo y al panico, los platos y demases salian volando del mueble y el ruido se tornaba ensordecedor, pero como escuchado desde muy lejos. Estaba con un grupo de amigos, todos nos paramos de nuestras sillas, y comezamos a mirarnos, a buscar respuestas en ojos que eran vacios como la nieve...de repente, abrí la puerta e intenté de correr.... pero no, recurrí a la cordura y las enseñanzas que muchas veces me ha tocado dar y me quedé en el vano de la puerta, no podia mantenerme en pie y todo afuera crujia, como un sonido apocaliptico, destructivo; gritos, muchos gritos desesperados emanaban de todos lados... comencé a rezar y me acordé de Dios, y en verdad, pensé en la muerte... (muchos se acordaban de él en éste duro momento, que ironico!) cuando de repente del departamento del fondo sale una señora con una niña en sus brazos, llorando, pidiendo ayuda....se acercó a mi y me dijo: -Sr. ayudeme por favor, ayudeme!!...ufff...ayudarla en ese momento me pareció imposible, pero desde el fondo de mi alma salió esa fuerza, ese amor y ese cariño que ya muchos han olvidado, y la abracé con ambos brazos y le dije que estuviera tranquila, que ya todo pasaría...bese su frente y sentí que el miedo desaparecia de mí...extraño, pero sentí que debia de alguna forma, "protegerla" y hacerle sentir que otro ser humano la acompañaba.
Todo pasó y bajamos, evacuamos el edificio bajando por las escaleras oscuras, solo acompañado de las luces de nuestros celulares, a tientas, con el instinto.
Al llegar abajo, respiramos, nos buscamos entre nuestros amigos, 2 de ellos habian quedado arriba, ayudando a unas personas que habían quedado atrapadas en sus aposentos. Al final nos encontramos, abajo, la gente lloraba, algunos fumaban y otros se abrazaban...todo parecía que había terminado.
Nos sentamos en la cuneta de la calle, contando lo vivido. En ese momento me dí cuenta de los fragiles que somos, de lo fragil que resulta ser el hombre y todo lo creado por él.
Evidentemente no habia comunicación, y muchos pensabamos en nuestros seres queridos. Menos mal que para mi resultó todo bien, sin daños humanos, pero el miedo aún seguirá rondando y ante eso, debemos tener fe y mucho amor.
Este relato lo escribo después de una semana, aún con el claro recuerdo de lo acontecido y las duras noticias que nos invaden a diario.
Fuerza Chile!!!